Hubo con hache mudita

Hace un año. Sólo dos meses. Pero fueron como 3. Pero fue como una vida. Pero fue casi un año. No fue el tiempo. No fue el recuerdo. Fue lo vivido. Fue lo pasado. Fue lo que no hubo. Fue lo que quisimos. Fue lo que alcanzamos. Fue lo que faltó. Faltó mucho. Y no sobró nada, porque todo lo empleamos.

El viento sopla hacia donde se mueve. Y si uno no se deja llevar, se pierde su viaje.

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Óxidomorón

Como siempre que me pongo a escribir acá, terminé borrando todo.

No sé bien por qué lo hago. O sea, lo sé. Es porque escribo cosas que después siento muy personales y nadie lee, pero igual. Quedan en internet. Internet es un potrero donde en algún momento algún pendejo va a jugar y va a encontrar esta osamenta y le va a contar a la mamá y ella va a llamar a los pacos y van a llegar a investigar y van a configurar la escena del crimen y se va a descubrir al asesino que era serial y que era EL MISMO MUERTO. Toma eso, Shamalapashalian. Ahí tenís plottwist.

Básicamente, no quiero contar de mí, pero necesito sacar estas cosas afuera pa’ que se oreen. Es una confesión reservada de lo que me agobia. Principalmente, porque no sé qué me agobia específicamente. Hablar conmigo mediante el escribir me ayuda harto a entenderme. Y ya me entendí. Así que dejo de escribir.

Duerme, Perham

Hay un tema que me cuesta tocar acá. Sobretodo últimamente, cuando me cuesta hablar de mí en internet, porque lo siento demasiado público e iluminado hasta el hastío.

Me cuesta reflexionar libre en las letras sobre cosas que antes hacía con soltura de esos típicos diálogos mentales que uno a veces tiene para procesar cosas, o para indagar en uno mismo.

Me cuesta contarles que murió el Perham. Esto fue hace 2 semanas. No había querido publicarlo. No podía. Espero que me comprendan.

Pero siento una obligación en contarles, pese a ser algo super personal, pero es que, a pesar de lo virtual y abstracto de todo el asunto, se siente como que varios acá le tenían harto cariño. No sé. Al escribirlo lo siento muy absurdo. Pero en parte, como que consuela eso. Pensar que el Perham se fue con harto cariño virtual. También se fue con harto cariño real, de eso no les quede duda. Gracias por el cariño que le escribieron. Por reírse conmigo de cuando quedaba atrapado, por defenderlo de mis burlas, por leer estas palabras. A nombre de él, y muy personalmente también: Gracias por ayudarme a sentir una pena más liviana, y un consuelo más temprano.

jklkkl

 

Sistema

Mucho tiempo pasó desde que escribí. Y muchas cosas han pasado. Ni tantas quizás, pero son importantes. Pero no hablaré ahora de todas ellas.
Quiero hablar de algunas, pero tampoco lo haré ahora.
Ahora sólo necesito la catarsis. Esa catarsis que recuerdo que este blog me otorgaba. Que este espacio propio me permite. Ni puedo decir “espacio privado” porque ya no lo siento tal. No sé en qué momento dejé de sentir eso, y dejé de publicar. Pero sé que eso pasó: Perdí la capacidad de hablar libremente acá.

Partiré hablando de algo bueno. Siempre sentí algo así como una envidia por quienes tienen vocación de algo. Lo he dicho acá en más de alguna ocasión. Y creo que también he comentado que yo carezco de esa vocación que nace solita y que uno comienza a tomar decisiones en base a ello. El tema es que por fin comencé a sentir esa vocación. No me nació solita, sino que se desarrolló, y se siente bien. Da gusto sentir que lo que uno hace tiene un sentido y que gratifica como desde aentro. Onda, como diría el Papelucho, uno siente como “agüita” que te alegra por sentir que haces las cosas bien, y que te lo reconocen así. Y que lo haces por ti y por el resto. Es esa sensación lo que me volvió un trabajólico. Sentir que hago las cosas por un gusto personal, más que monetario. (Siempre he utilizado la excusa del dinero, pero sincerándome, lo hago por un tema más de bienestar).

Y ahora viene lo feo. Duele caleta onda montonazo ver cómo todo lo que haces por buena voluntad, se cae por cosas ajenas a uno. No es sólo un dolor por un daño a lo que estás haciendo, es un desgarro que arrastra en esa herida todo lo que uno había puesto ánimo, voluntad, y a riesgo de sonar cursi, el alma completa. Como mea culpa, sé que estuve mal porque no me ceñí al sistema. Porque no quise volverme uno de esos aprietabotones. Porque no quiero volverme uno de ellos. Me niego con una rebeldía inocente a ceder ante las exigencias de ser mediocre.

Me reconforta saber que somos muchos así. Me apena saber que varios terminan renunciando porque no pueden hacer algo contra este sistema que adoctrina a las personas para perpetuarse como tal. Y renuncian o caen en ello. No quiero caer en ello. No creo que lo haga. El solo vértigo de sentir que puedo caer me repulsa y me remece.

Just passing by

Aún así, prefiero los bosques a las llanuras.

Tiempo pasa desde que no escribía. Cosas pasaron desde el último entry. Cosas que siempre pasan cuando dejas que todo siga su curso.
Creo que pasé uno de esos capítulos que mencionaba en la entrada anterior. Pero el problema es que siento que aún no paso al siguiente. Siento que estoy en un limbo, uno bastante cómodo. Y muy escondido por cierto, solapado en la historia personal. Algo así como el refugio a esconderse ante cualquier cambio.

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Review

Hace poco leí unas opiniones recogidas de un grupo de viejos, y entre todas las “lecciones de vida” que ellos compartían, una era la siguiente:

“Vive la vida por capítulos”. Bueno, algo así. Pero a lo que se refería, era a lograr ver nuestros pasos, mirar atrás, y ver que los obstáculos los hemos superado. O que al menos, los vivimos en su tiempo y ya cerramos. Y que hay nuevas cosas que afrontar.

Y mirando mi historia, puedo ver capítulos. Muy demarcados. Veamos.

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Madre Reloj

“Apaga las estaciones y cierra la carne”.

Aquella frase aún hacía eco en él, quien miraba al cielo con tanta gravedad que atrajo un meteorito, matándolo en el acto.

La gente habló de su mala suerte, y culparon al azar. Nadie mencionó el destino, pues todos le auguraban una vida exitosa. Era una persona de carácter. Lo que se proponía, lo lograba. ¿Pero morir así? ¿Una muerte tan improbable? Era alguien especial. Merecía una muerte así. ¿Pero tan joven?

Pero tampoco fue el destino (ni por lejos el azar) su verdugo.

Pasa que a veces las cosas sí pasan cuando uno quiere. Pasa que a veces uno es dios. Él no quería morir. Claro que no. Pocas veces la gente escucha la voz del universo de forma tan clara como él lo hizo. Gente como él desaparece así del mundo, por sus propias (irresolutas) razones.