Color Verde Furioso

Lorenzo atacándome como siempreHa decir verdad, había escrito un texto sobre cómo era Lorenzo. Pero lo releí, y no sé… el narrar eventos, historia, no es mi fuerte. Aparte, lo hice con la intención de darle un estilo de tributo.

Siempre he considerado que escribo mal, por lo que me halaga que la gente diga que se entretiene con mis palabras. Por lo mismo, siempre he tratado de mejorar, y soy un convencido de que uno mejora en las cosas haciéndolas. También leí por ahí que las buenas intenciones no hacen un buen escrito. Y eso es porque, lamentablemente, para escribir hay que guiarse por la “estética literaria”. Yo no me guío por una estética, simplemente sigo mis pensamientos con mis dedos de la manera más rápida y fiel que pueda, y quizás por eso mis textos, como Etereal me comentó, dan una impresión de celeridad, de “llevar al palo”. Y si no tengo estética, supongo que debiera tener intenciones. Pero ello tampoco me resulta. Mi intención de darle tributo a mi loro fallecido me resultó de una manera algo pauteada, y por eso preferí escribir esta revancha, más de mi estilo. O sea, más “recién salida del horno mental”. Ese piulle del que siempre hablo.


Lorenzo!Los días antes de su muerte (Hablo del viernes 22), Lorenzo ya se encontraba raro. Se le veía tranquilo, y ello era un signo de preocupación. Siempre se le veía mordiendo, gritando, defecando (vaya que hacen caca los loros), comiendo, bebiendo, encaramándose, aleteando, imitando las risas de mi mamá, haciendo muecas de desconfianza, acurrucándose al lado de mi tio, tratando de morderme los dedos cuando le daba comida, tratando de morderme los talones cuando pasaba caminando cerca de él… porque él no vivía encerrado en una jaula. Su jaula era para las noches, para que durmiera en un lugar fijo. Era su cama. Su casa era la nuestra. El caminaba por ella libremente. Se subía a las sillas y mordía el banco de madera en el que yo almorzaba, y a veces me mordía los pies para salir corriendo lo más rápido que podía a la silla verde donde mi mamá se sentaba.

Ese viernes estaba anormalmente tranquilo. Miraba por debajo de un sillón con su típica cara de viejo gruñón, pero cojeaba. Ello bastó para que me agachara y lo tomara, para ver si se había hecho daño en la pata. Pensé que pudo haber caído mal, pues había dormido en una viga que tiene hace ya muchos años apropiada como casa… y de hecho esta barra de fierro fue acondicionada como su lugar, ya que da a un entretecho donde dormía, donde se escondía del viento fuerte, y donde una vez trató de formar un nido en una caja grande de palos de helado. Esa vez no comía ni nada, y colocó unos cuantos huevos (los cuales no eran fértiles al parecer), y ahí supimos, para nuestra sorpresa, ya casí 10 años después de tenerlo, que era lora y no loro (Fue una de las pocas veces que lo vimos enfermo o raro. Sólo recuerdo unos resfríos en que estornudaba, y un cariño especial que tomó por una sandía ^^).

No por ser lora cambiamos su nombre. Para nosotros seguía siendo Lorenzo. Y nunca dejó de serlo. Ni ahora, pues en su hogareña tumba, tiene un pequeño epitafio donde dice LORENZO.

Lorenzo Lorey!

Siguiendo con lo del viernes, la pata la tenía como agarrotada, acalambrada, y pensé que se la podía haber torcido. Sin embargo, me llamaba poderosamente la atención que no me mordiera mientras lo revisaba. Miraba con una cara de enfado simplemente. Los mismos ojos de furia en mi contra en ese antifaz rojo que usaba sobre su plumaje verde, pero eran ojos más tranquilos que de costumbre. O más bien, debo pensar que eran de frustración. Estoy en contra de quienes piensan que los animales no tienen sentimientos.

Lorenzo tenía sentimientos muy humanos, como lo era la preferencia. Yo, mi hermano, y mi papá éramos seres indeseados por él. Sin embargo, sabía que si nos gritaba, nosotros partíamos con un pedazo de pan o un vaso de agua, el cual no dudaba de tirar de su jaula al suelo, quebrando de esta manera varios vasos chicos. A él le gustaba la Coca-Cola.
Con mi mamá y mi tío Joselo el caso era distinto. Bastaba que escuchara el Fiat600 de mi tío, o el furgón de mi mamá acercándose por la esquina de la cuadra, para que el loro comenzara a gritar llamándoles la atención. No quería agua. No quería pan. Sólo quería verlos. Últimamente, cuando el loro caminaba por la casa, tenía la costumbre de seguir a mi mamá y tratar de subirse a sus pies. O perseguir a mi tío, encontrarlo en un sofá, e ir a sus hombros donde mantenía un diálogo tan incoherente como cómplice.

Quizás esta humanización que le atribuyo fue una de las causas por las cuales el domingoLorenzooooo! 24, a eso de las 12pm, me dió tanta pena verlo con unos ojos tranquilos. Su parálisis estaba extendida a las dos patas, y le costaba respirar y aletear. Sin embargo, esa noche estuvo durmiendo en una cama hecha para él dentro de su jaula, donde no se movía, pero miraba, comía algo de pan con leche y escuchaba la celebración del cumpleaños de mi papá. Esa noche, cuando llegó mi tío aleteó y se le vió bien. Algo así como cuando una persona está a punto de morir. Esa energía fugaz que los embarga, quizás el último y gran soplo de vida, quizás el mayor de toda la vida, pues vencen su estado de descanso final con una fuerza de… vida, de historia, de experiencia, de todo lo que fueron. ¡De todos esos recuerdos! ¡De toda la memoria que queda en nosotros! Ese ímpetu de querer aferrarse a nuestros pensamientos con un gesto tan hermoso como lo es el darnos una esperanza, pues pensamos, realmente lo hicimos, que iba a continuar como siempre. Gritando al otro día, mordiendo lo que fuera, aleteando e imitándonos.

Uf… seré sincero… nunca me había emocionado como ahora escribiendo algo… ni siquiera cuando escribí el texto anterior que estoy reemplazando en este momento. Es mucha pena repentina, mucha tristeza profunda, la que me inunda al pensar, al creer convencidamente que el Lorenzo usó fuerzas para despedirse de nosotros. La mañana en que murió, felizmente estábamos todos en la casa. Murió en su familia. La que lo acogió por unos 15 años. Llegó grande. Quién sabe cuál era su edad real. Lo trajo otro tío en un saco. Según mis memorias infantiles, mencionó que lo encontró en una calle. Quién sabe porque el destino quiso que acabara con nosotros. Con gente que se encariñó tanto con un cascarrabias verde como él. Por un abuelo enojón encarnado en un loro. Siempre fue esa la imagen que generó en mí. Un tipo gruñón que no quería atenciones, que se escapaba a otras casas cuando se aburría de estar encerrado, como aquella vez que escapó y estuvo desaparecido por casi un mes, y luego tuvimos noticias de que él estaba en una casa, y lo recuperamos.

Es tan distinto saber que se pierde a verlo muerto. Fatalmente impasible. Con unos ojos aún brillosos, con una expresión a ténue tranquilidad. Ver muerto a quien siempre mantenía gritos de vida en la casa. Eso sí, en el momento en que lo ví muerto sentí una pena tranquila, pero nada más. Luego vi a mi mamá sentir algo de pena y a mi hermano. Vi a mi tío doliéndose de la muerte del Lorenzo. Y entonces el resto comenzó a sentirse más amargados. Yo aún no lograba sentir un llanto interior. Pero de pronto algo hizo click en mí, un grueso vidrio se quebró, y esas astillas de cristal que me protegían, me hirieron profundamente. Algo me indicó que realmente había muerto alguien de la familia. Una desazón me arrastró el corazón y lo dejó varado en mi mente. Y, debo confesar, unas lágrimas de pena nacieron de esas heridas, como hace muchos años que no lo hacían, y despidieron la vida de Lorenzo.

Lorenzo el carehueoA la tarde, cuando se fueron las visitas del cumpleaños de mi papá, le dimos una despedida más íntima y más definitiva. Comenzamos a cavar su tumba detrás del cerro. Era un pensamiento raro el que tenía al cavar la fosa donde va a quedar para siempre. Verlo con sus ojos opacos, vueltos a la muerte, me inspiraron una lástima enorme, pero también una aceptación completa. Lo guardamos en una caja junto a unos santitos, y lo enterramos.

Estos días tienen cierta extrañeza. No es que la casa se haya convertido en algo tranquilo, pues aún tenemos al Perham (un perro) el cual se encarga de mostrar vida. Es que estaba acostumbrado a rabiar con él porque no se callaba cuando yo quería seguir durmiendo. Estaba acostumbrado a tener que salir enojado a darle un pedazo de pan para callarlo. Estaba tan acostumbrado a frustrarme porque él iba a lanzar el pan lejos y a dar vuelta el vaso de agua, que siento cómo me quebró mi rutina. Y por lo mismo, me hizo darme cuenta que mi vida es una rutina. Que la vida de muchos es una rutina. Y que amamos esta rutina, a pesar que siempre queremos algo diferente en ella. Queremos un adorno diferente en este cuadro. Queremos una mancha de color verde furioso que nos ensucie rabiosamente la tranquilidad de la pintura del despertar y de la vaguedad de querer seguir durmiendo en tu vida y no hacer nada. Una incomodidad que estuvo por años, y que ahora que no está, no deja un espacio agradable, sino al contrario, deja una angustia, deja la necesidad de tratar de volver en el tiempo y que todo quede como antes. De quedarse inmerso en esa elipse que teníamos antes, tan perfecta. Pero cuando te das cuenta que tu vida está edificada con ladrillos que irán desapareciendo, piensas que se terminará por destruir y derrumbar sola bajo su propio peso. Pero no. Ves a través del agujero que quedó del ladrillo, y comprendes que te dejó una ventana, que por ella puedes ver más de lo que podías ver encerrado en tu torre. Empiezas a pensar en que fallaste. Que necesitas. Que quieres y de que prescindes.

Y todo por un loro que te hizo reir con una mezcla de curiosidad, nerviosismo e ignorancia cuando llegó un día de invierno, el mismo día en que una tía lejana y desconocida moría y mis papás iban a ese velatorio. Que te hizo rabiar muchas mañanas. Que te despertó la curiosidad por hacerlo hablar y fijarte en que imitaba tus movimientos de lengua al hacer sonidos. Por un loro que logró ser una persona entrañable y un recuerdo imborrable en tu pena. Por alguien que logró convencerte que puedes sentir un cariño infinitamente humano por un animal. Aunque él dejó de serlo. El ya había pasado a ser una persona para nosotros, con sus mañas, sus pecados, sus cariños, preferencias, culpabilidades, gracias, risas, sorpresas, rabietas, compañías… Por todo lo que fue y, aunque suene cursi y archi-utilizado, lo que siempre será para mí.

Adiós Lorenzo Lorey (ése era su apellido ^^). En estos momentos es cuando me gusta creer que existe un paraíso donde te irás a molestar al Tatán silbándole y haciéndole creer que venía el cartero, cómo lo hacías en la otra casa. Un lugar donde enfrentarás el Ragnarok con tu furia de siempre, esa con la cual te defendías cuando salías a la calle y luchabas contra los perros que te ladraban y trataban de morderte (pero jamás lo consiguieron porque les inspirabas màs miedo que ellos a tí >:D), y lucharás mordisqueándole los talones a todos los dioses malulos nórdicos ^w^

Hasta siempre.

Lorencho!
Dedicado a Lorenzo
Q.E.P.D
1993? – 2008
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    • Yerusha
    • 27/02/08

    Uff… Que triste…. Esta hermoso todo lo que escribiste… Se nota que era parte de sus vidas… Descansa Lorenzo… Saludos desde Venezuela. Bye.

  1. XD… Era mejor que tu escribieras esta entrada que yo… XD soy más tosco al escribir XD…. Ahora Lorenzo ha comenzado su preparación para el Ragnarok, ya nos volveremos a encontrar, en la ultima batalla…. XD

    Saludos…

  2. ^^
    Gracias por los saludos Yerusha…

    Y Solito… SEEEEH! Lorenzo debe estar engrosando las filas de los dioses esperando el día final. Se va a comer a Fenrir y los dioses serán felices xD

    Igual, creemos que la gula “esa” fue la causa de su muerte… Al parecer lo fue…

    Nos faltó enterrar a Lorenzo con las armas de los enemigos que derrotó! Seeeh! A lo Boromir…

    Y la verdad, no fue como una parte activa de nuestra vida. Como dije ahí, estaba, pero no actuaba mucho. Era como… como si alguien encendiera un televisor en otra habitación. Sientes que el televisor está encendido, aunque no lo veas, y te molesta. Pero cuando se apaga el televisor, sólo sientes el silencio. Y te incomoda (Incluso lo extrañas si ya llevabas 15 años así). Y quieres algo que te haga sentir acompañado.

    Saludos!

  3. VIVA LORENZO!!!!!!!!!!!!! yo si q lo vere en el ragnarok! JEJE …………………….el era un gran luchador griton y mordia a quien viese… pero era porq era ya viejo(a)…recuerden eso de lorenzo(a)..
    XD!!

    xaos!

    • naty
    • 12/02/09

    me puso muy triste leer esto lo que importa es que esta en un lugar mejor besos naty de argentina.

  4. Grax. Se acerca el aniversario de conmemoración del loro pulento! Pero no escribiré nada sobre ello. No hay porqué hacer homenajes cuando se honra con seguir recordando ^^ Una pluma suya sigue en mi billetera, y lo curioso es que es muy brillante. Es de las plumas bonitas de él, y aún la conservo.
    Saludos!

  5. me ree llego bldo:(

    • vane
    • 23/05/09

    amo a los loros muy emotivo lo que escribiste…

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