El Gato Stevens

Un retrato de Cat Stevens al estilo patita al hombro. Técnica clásica entre fotografos de músicos de mediados de los 70.

Un retrato de Cat Stevens al estilo "patita al hombro". Técnica clásica entre fotógrafos de músicos de mediados de los 70.

Tengo un gusto culposo. Me gusta Cat Stevens o///o
xD
No sé, quizás me recuerda esos viajes a Pichilemu, cuando partíamos todos apelotonaos dentro del Visa, y ya que no habían radios que funcionaran bien en el trayecto, mi mamá ponía un cassette de Cat Stevens en el auto. Y ya que el viaje duraba unas 2horas, escuchábamos todo el cassete, y luego contraatacaba mi papá con un cassette compilado de rock de los 70.
Y hoy en día, me gusta también el rock de los 70. ¿Experiencia cristalizante? ¿xD? ¿Conductismo? O simple coincidencia… aunque no creo en este tipo de coincidencia. Pues siempre que partíamos a Pichilemu, eran los mismos cassettes, los cuales teníamos que dar vuelta con un lápiz Bic…
Si bien mi maire escuchaba y tarareaba Wild World en Rengo, siempre termino asociándolo a Pichilemu, a esa cabaña antigüa, a la playa de arena gruesa y oscura, fría, con olas gigantes, y pinos. Hartos pinos. Y los pinos me recuerdan cuando jugaba a la escondida. Luego regresábamos a la casa, nos bañábamos con agua hervida en una tetera, y nos vestíamos para: ir al centro a la noche, a jugar flippers; o bien, quedarnos en la casa, saliendo a jugar taca-taca a una cuadra más lejos. 30 pesos la ficha, haciendo remolinos pa pegarle fuerte a una pelota que sólo veía subiéndome a un piso de madera y así hacer sonar la lata del otro arco. Luego regresábamos a la casa, a jugar cariocas, o al “poto sucio”, y finalmente, a acostarnos en los camarotes.
Era una aventura el despertar al otro día y partir, en la mañana, a Infiernillo. Pisar pozas de agua estancada hedionda, caminar entre las rocas, saltar de una a otra. ¡Saltar grandes alturas a veces! No exagero al decir grandes, pues, siendo chicos, saltabamos unos 3 metros de caída libre sobre la arena. Era un salto de fe xD Recolectábamos conchitas. Hacíamos hoyos en la arena. Sepultábamos pingüinos, gaviotas, e incluso lobos marinos cuando aparecían muertos. Llegábamos a la casa cansados a almorzar, mientras se escuchaba la radio EntreOlas, o bien, el cassette de Cat Stevens.

Supongo que, de alguna manera, a la gente común la música no nos gusta por su tecnicismo, sino por lo que nos evoca. Y Cat Stevens me recuerda esa época de niño en que todo me parecía ser más moldeable. Un cochayuyo podía ser un látigo, una culebra, una soga, una pistola, un monstruo, o un snack xD
Cuando niño todo me parecía ser distinto a lo que me decían que era. Porfiaba con mi imaginación, y terminaba convenciéndome de que había otra manera de usar las cosas. Y así, tanto por esa imaginación, como por la alimentación por la tele, acabé inventando un juego propio: Las Aventuras. No tenía ni una gracia el juego, salvo que terminé colgado de techos, de barandas, de árboles, etc. Too rasmillao, too raspao, por tener que bajar de una pirámide egipcia mientras me seguían momias, culebras y esquivaba bolas de piedra, antes de ir a almorzar.

Me hace mal tener Cat Stevens en mi playlist en el AIMP :’D

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    • etereal
    • 8/11/08

    Me has llevado a soñar un rato.

    “terminaba convenciéndome de que había otra manera de usar las cosas”.

    que wena esta esa linea!

    Saludos

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