El Sello del Diablo

Hay que aclarar que yo no le decía "Diablo", sino que le decía "Cachúo".

Recuerdo una vez que, junto a mis vecinos, los dos mejores amigos de esa época, el Niki y el Gabo (también, como mejor amigo, estaba el “Oscariván”, pero con él sólo compartía en el colegio, porque vivíamos lejos), destruimos las flores del jardín de su abuela. No lo hicimos con mala intención, para nada. Sólo evitábamos que el diablo subiera por el suelo. ¡Es obvio! El diablo estaba en el infierno, y podía subir en cualquier momento. Así que alfombramos el suelo con pétalos de rosa, porque el diablo no tolera las cosas así. No recuerdo haber sido castigado. Supongo que hicimos lo correcto… No así como cuando, saliendo al patio pegué tal portazo, que quebré unos vidrios de la puerta. Asustado por el castigo inminente, me escondí bajo la cama. Y ahí me quedé dormido por todo el día. Ya que yo acostumbraba a pasar el día en la casa de mis vecinos, nadie lo advirtió, y cuando me levante y salí de mi escondite (comenzando ya la noche), vi que la puerta mágicamente había regenerado su vidrio… aunque lo hizo con un cartón. Cosas raras que pasan. Tampoco fui castigado, pero eso se debió únicamente al milagroso cartón regenerado.

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