El Tatán

No es la foto de mi perro, pero así era. Esta la encontré acá: http://bit.ly/hfdLLS

El Tatán (no confundir con Piñi) fue mi primer perro. Al menos, el primero que recuerdo. Era un quiltro clásico, ese típico “pastor alemán” que de “alemán” no tiene nada. Sin embargo, lo recuerdo fiel y protector, a pesar que yo lo trataba pésimo (tengo una foto por ahí que salgo con la mano en alto sosteniendo un palo pa’ pegarle… mal… mal… O también recuerdo que trataba de subirme a su espalda para cabalgar como los vaqueros de la tele). Recuerdo una ocasión que estaba al lado de una acequia que pasaba en la esquina de mi casa, tirando hojas del árbol pa’ mirar cómo se iban con la corriente. El Tatán miraba al lado mío. De pronto algo se movió entre las zarzamoras, y juro que vi una culebra. Seguramente era de estas culebras que no hacen nada, pero el susto fue enorme. Y digo “juro que vi” porque no supe bien qué habrá sido, porque el Tatán se tiró a la zarzamora a pelear y yo arranqué. Y bueno, el Tatán al verme correr, corrió también. Siempre me seguía, sobre todo cuando entraba en el trigal del potrero al lado de mi casa. Pero no me acompañaba a la casa de mis vecinos, porque se ponía a pelear con el Bobby, el perro del Niki y el Gabo. Así que el Tatán prefería quedarse, en esos momentos, en la casa durmiendo en la tarde. Porque 2 cosas eran sus favoritas: Dormir y comer. Ese apetito que tenía lo hacía robar comida que estaban preparando mis papás en el patio (en una fogata! Comida caliente!), así que un día, se aburrieron de que fuera tan glotón, y le prepararon una tremenda olla de comida sólo para él. ¡Y se la comió toda! Obviamente, quedó a punto de explotar, y hacía arcadas. Nunca más quiso comer más de lo que podía.

El problema con el Tatán, eran 2: Lo callejero y lo ladrador. Peleaba contra los carteros (sí, mi perro era clásico de monitos) y siempre estaba en la calle. . La cosa, es que este problema nos complicaba porque el Tatán odiaba a los autos y nos íbamos a mudar de casa, de ese pasaje casi rural de la infancia, hacia una casa en una villa con reja y una calle enfrente. La solución coincidió trágicamente: El Tatán comenzó a tener más seguidos unos ataques “epilépticos”, donde comenzaba a convulsionar y a tirar espuma por la boca. Un día, amaneció muerto. Lo enterraron en el patio de atrás. Nos fuimos al tiempo de esa casa, la cual hace poco fue vendida en un litigio legal.

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  1. 28/01/11

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