Pequeña Historia de una Persona en mi Mente [Parte II: Origen del Hombre]

En la segunda noche, el niño se apresuró en acostarse y en exigir su cuento. Jamás le habían contado historias antes de dormir. El sueño de la última noche fue particularmente revelador, y ello lo instó a devorar más y más historias. Cuando el viejo cuentacuentos llegó sin el libro, poco le importó al muchacho, pues parecía que en realidad el viejo no leía nada, ya que se encargaba más de gesticular y mover los brazos que en seguir las letras con la mirada. Además, unos grandes lentes siempre colgaban del cuello del anciano, cumpliendo una función más estética que práctica. El viejo comenzó a hablar:

“El Mundo en sus inicios fue habitado por Las Damas Elementales. Ello alegró de sobremanera al Artista, quién hizo una pequeña figura a partir de su propia carne. Vida se encargó de habitar la escultura diminuta, y así se creó el Primer Hombre.

Cuando el Hombre despertó, vio un mundo hecho para él. No tenía necesidades, no tenía ambiciones, pero abundaban las dudas. No sabía qué hacía él ahí, ni mucho menos qué era. Estas dudas todos las tenemos, pero siempre son respondidas ante un reflejo humano, cosa de la cual carecía él, pero no lo sabía. Deambuló y se maravilló sordamente ante todo el mundo, que, recordemos, era parte de sí mismo, pero él desconocía esto así como nosotros lo hacemos.

No obstante, un sentimiento distinto nació cuando vio, en sus andares, a la Dama del Fuego. Ella vestía una túnica de cobre ardiente, y su presencia inundaba al Hombre con calor y protección, quién quedó estupefacto y sólo se limitó a observarla, mientras ella desaparecía en una piedra. En ese momento, en que la llama se apagó, el Hombre entendió que debía buscarla. Ella abrasó su corazón e inflamó su espíritu de un ánimo desconocido. Con ello, El Sueño y El Deseo, la hermandad, nació.

Tras largas jornadas, la encontró bailando en una cantera. Corrió a ella, quien se sorprendió, pero no se alejó. Al contrario, sonrió coqueta, con una mirada que quemó en la carne de él, quien se quejó del dolor, pero aún así siguió acercándose, mientras más y más lo consumía el calor. Entonces, el bosque de piedras se incendió.

Las llamas rodearon al Hombre en una danza febril, y si bien la fascinación por el fuego era algo instintivo, el dolor (que era mezcla entre gozo y sufrimiento) lo instó a abandonar el baile que ella le ofrendó.

Aún con la carne viva, caminó buscando consuelo, el cual encontró en un pequeño arroyo. Allí calmó el dolor de sus heridas, menguó el calor que lo devoraba y durmió, relajado en la orilla. Mientras dormía, la Dama del Agua lo curó de sus heridas, lo hidrató, y lo abrazó, protectora, tranquilamente. Él despertó flotando río abajo. Vio a la Dama con un traje de aguas turquesas, que giraba suavemente, cautivándolo. Se dejó llevar, y bajó a las profundidades, donde el agua se vuelve piel. Así su aliento también se marchó. Poco a poco perdió el conocimiento, y se hundió en un dulce sentimiento. El Sacrificio nació.

Ante tal prueba de devoción, la Dama del Aire se encantó. No pudo dejar morir al Primero, así que sus pulmones se radicó. Quizás fue egoísta, pero siempre la Dama del Aire fue así. De decisiones apresuradas, de cambios radicales, de ideas libres. Lo sacó a flote, y lo levantó con un respiro vital.

Un sentimiento más fuerte nació en el Hombre. Cuando alguien te rescata, sana, alivia y consuela. Cuando alguien reaviva tus fuerzas, y te hace sentir que eres tú el importante. Cuando te mueve una brisa, cuando sientes ese soplo de energía, que te eleva, tratas de volar. Sientes que flotas. Pero no lo haces. Por más que el Primer Hombre trató de volar, de contener a la Dama del Aire, jamás lo logró. Vivía gracias a ella, pero fue sólo un capricho. Ella ya no era más que una fuerza que lo impulsaba a intentar despegarse del piso y huir de lo que lo sostenía en su lugar. Sin alas no logró acercarse más a la indómita Dama vestida de finas nubes.

Lloró. “¿Cuál era la razón de estar en un mundo, en el cual no hay por quién vivir? ¿De qué sirve tener todo, si no tienes lo que quieres? ¿Qué es ser uno sin serlo con quien quieres ser?”, pensaba, mientras su dolor lo consumía rápidamente. Sin ánimo, sin fuerza, sin vida fue cayendo lentamente, hasta desfallecer de tristeza.

Entonces la Dama de la Tierra lo acogió.

La Oscuridad que veía todo enlutó el cielo. La Noche nació.

Fueron días de lluvia en un mundo de piedras, agua, viento y calor. Todo se congeló. La Muerte nació.

El Hombre era uno con el Mundo, carne de la misma carne, hijo del mismo padre, uno con él. Era parte del Artista. Era el Artista. Era el Mundo, el Cielo, el Sol, la Vida, la Oscuridad, el Fuego, el Agua, el Aire. La Tierra. Volvió a ella, y volvió como el Sol. Volvió como el Cielo. Nació el Día.

Las capas de hielo, con el calor, se hicieron agua. Los charcos con el agua, se hicieron nubes, y de ellas, por el dolor de rechazar al Hombre, lloraban y traían el dolor de todas. La lluvia cayó en la Tierra, que ya era una con Él, y unos verdes brotes comenzaron a aparecer. Pequeñas criaturas se asomaron de entre el barro, y corrieron a poblar lo que alguna vez fue sólo de una persona.

La Vida pobló al mundo. Tanta vida en un sólo cuerpo, lleva a su destrucción. Esa fuerza es indomable, y se atrae, con todas sus fuerzas,  a todo lo que le sea bello y amable. Por eso, cuando fallecemos, no volvemos más, pues el mundo es demasiado hermoso como para sólo pertenecer a un cuerpo. ¿Para qué contener tanta vida en un envase tan frágil, si podemos ser todo? Pero ello no lo vemos sino hasta conversar con la Oscuridad, quien ya sabe esto desde los inicios de los tiempos. La Muerte no es más que el reconocer que somos parte de todo, en un estado de profunda conexión con nuestras raíces. Nos remueve brutalmente la razón y nos lleva a la conciencia. Pero mientras no tengamos esa noción, somos atraídos a lo que es nuestra vida misma. Perseguimos el calor, la compasión, la libertad y la fortaleza en el resto. Buscamos el sentirnos completos. Y finalmente, lo encontramos en nosotros.

Y en ese momento, nació el amor.

Anuncios
    • Edo
    • 24/01/11

    Q buenos cuentos sobre todo esos finales dignos de hoyiwod, ese chao pixilemu seria pa la peli 2012, y me gusta muxo eso de mujeres cantinas y perros.

    Felicidades bayu, sigue asi para mejorar el cine chilenos, eso q tienen tus cuentos le falta a los cineastas, sobre todo esos perros esquizofrenicos y las cabras asesinas.

    Pd: q buen corte de pelo… lo llevas desde pequeño.

    • Jajaja, gracias :D
      Sin webeo, yo creo que sí hay gente con muy buenas ideas, pero el problema es, como siempre, el llevar a cabo las cosas. Generalmente los que crean sueños, se quedan en ellos jajaja…

      PD: Muchas gracias por la observación del corte de pelo, es un agrado ese cumplido viniendo de alguien buen mozo. Hediondo, pero buen mozo. Jajajaja…

Escriba su crítica, reclamo o insulto :D

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: