Review

Hace poco leí unas opiniones recogidas de un grupo de viejos, y entre todas las “lecciones de vida” que ellos compartían, una era la siguiente:

“Vive la vida por capítulos”. Bueno, algo así. Pero a lo que se refería, era a lograr ver nuestros pasos, mirar atrás, y ver que los obstáculos los hemos superado. O que al menos, los vivimos en su tiempo y ya cerramos. Y que hay nuevas cosas que afrontar.

Y mirando mi historia, puedo ver capítulos. Muy demarcados. Veamos.

Capítulo 1:

La infancia temprana la recuerdo como mi primer capítulo. Esa infancia despreocupada, con bullying sano de mis vecinos (pero que en su tiempo me compungía). Mis mejores amigos, eran un par de vecinos con quienes pasábamos todo el tiempo inventando tonteras. Recuerdo vagamente este periodo como linea temporal, sólo recuerdo cosas, como leer Tom Sawyer en Pichilemu, salir a pedalear en grupo creyéndonos Robotech, huir de un chivo que me quería patear, saltar desde dunas a metros de altura jugando a “la aventura”… Aquí vivíamos en una casa lejana a la ciudad, y de hecho, ésta (la ciudad, Rengo) comenzaba a crecer. Y crecía hacia nosotros. Una población comenzó a utilizar los potreros que rodeaban esa pequeña aldea que éramos. Sólo 5 minutos nos separaban de la ciudad. Nosotros éramos algo distinto. Este capítulo se cierra con varios sucesos. El cambio de casa, la enfermedad de mi abuelo paterno de la que yo no entendía nada, y la muerte de mi perro marcan ese término.

Capítulo 2:

Además de cambiar de casa, cambiaba de curso desde primero a segundo, perdiendo los clásicos “profesor jefe” que todo niño normalmente tenía. Nosotros teníamos un curso disgregado en el colegio. La profesora tenía licencia por embarazo, y quien la reemplazó, también tenía licencia. Cambiamos de casa, perdí el contacto con mis amigos de temprana infancia, y gané más amistad con otro amigo de este periodo. Siempre uno tiene alguien con quien amistarse. Mi abuelo falleció, y dejó como legado una casa en la playa recién construida sobre los cimientos de otra que antiguamente sólo era una modesta cabaña. Mi papá abandonó el cigarro (mi abuelo falleció culpa de ésto). Fue un capítulo de mucho desorden académico y renovaciones, pero que me hizo formar una relación de amistad muy especial con el “Oscariván”, a quién dejé de ver cuando me cambiaron de curso entre tercero y cuarto básico, marcándose el fin de este capítulo.

Capítulo 3:

Notable es que lo académico marca tanto, para mí, los fines y comienzos de los capítulos de mi vida. Pero es que pasa que estamos en este sistema en el cual nuestros núcleos afectivos son La Familia y Los Amigos. Y los amigos se hacen, en esta edad infantil, en el colegio. Este nuevo curso, que estaba en el mismo establecimiento, era radicalmente opuesto a lo que yo tenía como referente. Era un curso tranquilo, ordenado, y la profesora SÍ era una figura jerárquica importante, a la vez que “querible”. Antes, nosotros desafiábamos a los profesores. Ahora, no. Mi personalidad se volvió más retraída frente a la autoridad, y no por miedo, sino por vergüenza. Notaba a mis compañeros que tenían otra conducta, y yo que tenía otra “mentalidad”, me veía avergonzado de ser tan libre. Raro ahora que lo pienso. Dejé de juntarme con el Oscariván, pues ya ambos estábamos volando por mundos distintos y no compartíamos tan seguido, y comencé a trabar amistad con otros que aún considero amigos, y con quienes compartí todo lo que fue el liceo incluso. Durante este capítulo de vida, fortalecí lazos, generé sentimientos nuevos (obvio, era niño creciendo hacia la juventud), y terminó todo (con un cambio de curso entremedio) en octavo básico. Fue un periodo de juego. Lúdico. Hasta entonces, los muros que había que derrumbar eran livianos. En la familia no recuerdo grandes problemas ni conflictos. Sí recuerdo que comenzaron los arriendos de pieza (en mi casa arrendábamos piezas), así como recuerdo que comenzó mi gusto por la música y los videojuegos a fines de educación básica. Otra cosa que sí recuerdo como importante en este periodo fue mi tío:
Desde mi temprana infancia, un tío nos acompañó en la familia. Era un viejo borracho, pero del cual encariñarse. Él nos trajo un loro (Lorenzo) que llegó en el tiempo que vivía en la casa antigua, y que nos acompañó mucho tiempo. Ese tío se fue a vivir con nosotros a la casa nueva, pero con la condición que dejara el trago. Cumplió un tiempo, pero después volvió a caer en el vicio. Entonces lo echaron de la casa (él tenía un rancho propio, y no se fue tan malhumorado por lo que recuerdo, pues él amaba la libertad de estar a sus anchas, aún si eso significara borrarse en trago). Sin embargo, cada cierto tiempo aparecía pidiendo verme a mí, a mi hermano, o al Lorenzo. Borracho, obviamente.

Capítulo 4:

Comenzó el liceo, y conocí nuevas personas. Antes, yo tenía amistades muy raramente con alguna mujer. Yo era más un hombre de club de Toby, cosas de niño que quizás se forjaron por esa cofradía que existía desde niño en el curso destructivo que tuve a comienzos de la básica. No lo sé bien, pero simplemente era una vergüenza que tenía a conversar con ellas. Cosa que se disolvió cuando llegó una arrendataria a mi casa, obviamente mucho mayor (unos 7 años más), pero con quien trabé una buena amistad. Además de esto, comencé a pasar más tiempo con mis amigos, así como a comenzar a tener ciertas asperezas con mis papás. Era la rebeldía de la pubertad. Llegó mi perro Perham. Mi papá quedó cesante, y mi hermano entraba a la universidad. Otro tío, muy querido por mí hasta hoy, pasaba por una época muy difícil y fuerte, así que se fue a vivir con nosotros. Pasaron las típicas cosas de la adolescencia, todo, eso sí, muy infantilizado por mí. Seguí desarrollando características y aptitudes que se alimentaban en mi imaginación (la cual es para mí, tanto virtud como defecto), y viví experiencias muy entretenidas. Recuerdo el liceo como una etapa muy buena. Pero siempre erró en estas etapas la ingenuidad. Perdí cosas que no debí. Y sólo por desconocimiento. Apelo a la inocencia eso sí. Inocencia nacida a partir de una burbuja que yo creé a mi alrededor. Por la imaginación.

Capítulo 5:

Terminando el liceo, cambié a la Universidad. Para ello, me mudé de ciudad, a Valparaíso, con mi hermano. La universidad me era un mundo nuevo. Pero no tan distinto como muchos lo pintaron. Lo que sí, es que yo era un bicho extraño dentro de un grupo humano muy… humano. Yo era bicho. Así que me costó bastante encajar. Pero no me molestaba. Yo seguía resguardado en mi casa con amigos, y además internet se me presentó como otra manera de socializar sin socializar. Aunque esto se puede malinterpretar. Conocí personas que hasta el día de hoy son de los mejores amigos que tengo (junto al resto que ya venía desde colegio y liceo). Aquí fue un gran salto. Pero en cierta manera, seguía siendo como un liceo. Aún no sentía nada distinto. Pero sí, hubieron cosas importantes. Ilusiones, sentimientos, frustraciones, dudas. Creí errar en mi carrera. Aprendí a trabajar con quienes no conociera de antes. Me volví freelancer, y aprendí a integrar grupos, pues la falta de amigos-amigos en la U me hizo ser así. Pero era carcasa. Todo eso cambió después. Pero mientras no. En este tiempo fui más ajeno que nunca, pues fallé en un ramo, que me aplazó en un año el tomar ramos, y ello causó que tuviese un año casi sabático, donde tomé ramos optativos, con gente totalmente desconocida. Ahí sí comencé a socializar más, pero con gente que yo sabía (o al menos así lo mentalicé) que nunca más iba a ver (y de hecho, ya nunca he visto a esas personas). Además, dentro de la familia mi papá volvía a conseguir empleo, y yo cada vez viajaba menos a Rengo. Pero no por eso perdía contacto con mis papás. De hecho, siempre lo he mantenido. Soy mamón, ¿pero quién dijo que es malo? Es bakán.

Fuera de las cosas académicas, lo que creo que es más importante en esta época, fue volverme dependiente emocionalmente de amigos y personas queridas. Fue una época en la que, al contrario de lo que debería ser normal, no crecí, sino que me enfrasqué. Y claro, no hay frasco que pueda resistir a quebrarse ante la fuerza.

Capítulo 6:

Como ya es costumbre, mi vida pareciera seguir directrices establecidas socialmente. Cambiamos de casa en Valparaíso, el grupo se redujo, mi loro Lorenzo falleció, cambié a un curso más pequeño al elegir mención, aprendí a apreciar más la pega con pacientes (cosa que antes no quería), e forjé lazos ya más de compañerismo. Este capítulo es corto. Pero tiene importancia: Desde este momento, los capítulos ya son cortos de por sí. Duran poco, porque ya pequeñas experiencias tienen grandes efectos. Pocas cosas distintas pasan, pero el contexto de este tiempo, el comenzar a dejar muchas cosas que antes me eran nido, y al contrario, afianzarme en otros asuntos. Cosas murieron con el tiempo, y este periodo era ese duelo. Pero tal como en el tarot, la muerte no significa sólo el término, sino que boca arriba es cambio nacido de la renovación completa. Aún faltaba eso sí un cambio importante.

Capítulo 7:

Entré en el internado. Cambié de ciudad a Santiago, y llegué a un mundo completamente nuevo, aislado de toda compañía que me era ya costumbre. Ahora sí era valía personal, y fue en este periodo en el cual el frasco del cual hablaba antes, terminó por quebrarse. Personas en quienes creí se volvieron ajenas, tan distintas, que ya me eran nuevas. Había que conocerlas otra vez, y ese proceso no fue agradable. Pero al contrario, conocer gente nueva sí fue productivo. Y no sólo productivo, sino muy positivo. De hecho, este capítulo fue un reboot. Me solté como no lo hice durante mucho tiempo, y fui más yo. Y así lo reconoció el resto. Pero pasó algo este año… Mi abuela estaba muy enferma ya desde el año anterior. Aquí falleció. La familia, ese grupo grande que antes existía se fragmentó (eran 8 hermanos en mi familia paterna), y me llamó la atención de sobremanera el cómo puede cambiar la gente TAN abruptamente. Bueno, eso pensé. Pero después caí en la cuenta. La gente no cambia así, abruptamente. No cambia esa raíz. Lo que sí cambia es la cáscara. La piel. Esa coraza. La que yo mismo tenía, y que muchos me dijeron Oye Que Has Cambiado, al verme más suelto. Pero no es que cambié esa soltura. Esa la tenía, pero la reprimía. Bueno, no sólo reprimimos cosas que pueden ser positivas. Sino que también reprimimos cosas negativas. Lo hacemos MUCHO. Y lo hacemos por el bien del resto. Bueno, aquí se sacaron los disfraces. Fue una etapa de una sinceridad brutal. O tal vez, fui yo quien perdió en parte esa ingenuidad que me hace creer en la bondad intrínseca de la gente, como individuos empáticos (o al menos respetuosos). Pero toda esta visión más ¿realista? de las cosas no me afectó mayormente. Bueno, me hice más desconfiado de lo que era. Pero por un asunto de cuidarme yo a mí mismo. Porque no tenía más. El internado terminó, así como la universidad… bueno, no completamente.

Capítulo 8:

Me licencié al aprobar mi tesis, pero mi examen lo fallé. No fue lo único fallido. Hubo personas que fallaron a mi confianza de una manera tan desgarradora para mí entonces, que lo extrapolé a todos. Fue un agujero que pocas veces (sino ninguna) he escrito alguna vez (exceptuando cuando lo hago a personas muy cercanas o a completos desconocidos). Dejé de creer en muchas cosas, y esa falta de soporte me hundió aún más. Me aferré eso sí a unos pocos, pero esa visión realista se había vuelto una bastante oscura sobre la gente. Comencé a odiar la historia de la gente que los llevaba a justificar actos con falsas intenciones, así que me hice amigo del presente. Me hice amigo de quienes no se preocupaban de quién eras, sino de qué eres. El desconocimiento fue aliado, pero seguía cada vez sintiéndome más desolado. Cada intento posterior me era fracaso en el examen, y eso más me hundía y me aterraba. Empujones prometidos que esperé no aparecieron, y esa fortaleza del año anterior se diluía a medida que pasaba todo. Fue un año muy negro para mi ánimo… Pero hubo un par de personas (una extraña y una vieja conocida, que volví a conocer) que comenzaron a reanimarme. Esto, acompañado de un par de golpes que necesité. Aunque suene cliché, para levantarse hace falta estar en el suelo. En este periodo trabajaba, y ello ayudó a comenzar a retomar mi vida en parte, que se me arrancaba un poco. Pero aún así, tenía MUCHO tiempo para pensar, y pensar era lo que peor me hacía en este estado. Así que comencé a usar más parte de mi tiempo en prepararme para el examen junto a un profesor. Y ahí comenzó, recién ya, a tomar un poco más de forma este sentimiento ambiguo que me rondaba fantasmagóricamente. Terminó el trabajo. Y yo aún no me presentaba al examen, pues, aún no sentía la confianza en mí. Y fue así: Me presenté comenzando el año siguiente y fallé. Mi confianza se vio quebrada en muchos pedazos. Traté de retomar además cosas que fueron importantes en su tiempo, pero no funcionó. La confianza nunca volvió ni en esa persona, ni tampoco en mí. Así que acepté que necesitaba ayuda.
La ayuda fue profesional. Sé que para muchos un psicólogo puede ser algo innecesario o qué sé yo. Pero para mí, fue útil. Necesitaba alguien ajeno a todo lo que había sido la historia propia hasta ese entonces. Como siempre he pensado, la mayor confianza se da con quienes ya conoces muy bien, o con quienes no conoces para nada, ni ellos a ti. Fue replantearme muchas cosas. Además, en este periodo mi papá enfermó. Cambié prioridades. Fortalecí mis decisiones. Quizás aún siga siendo un cabro MUY inmaduro, pero esto supuso un crecimiento en muchas cosas personales, bien internas. Tanto, que ya pude dar el examen y fue completamente distinto. Logré por fin superar ello, y junto con ésto, también derroté sentimientos bastante ácidos que aún seguían, hasta entonces, persiguiéndome. Creo que es la época más difícil hasta el momento. Pero se superó.

Capítulo 9:

Y estoy ahora en el último capítulo. Y como dije en el capítulo anterior, y al comienzo: Se superan. Son cosas que se terminan. Que suponen cambios, avances. Uno queda con lo bueno. A veces con lo malo. Pero se aprende. Bueno, se aprende siempre y cuando seas capaz de mirar y comparar el cómo eras, el cómo eres. Y que seas capaz de afrontar esos cambios. De mantener firmeza en las decisiones. De no tambalear al caminar. Y creo que esa es la clave para avanzar. Convicción, fortaleza, voluntad. Adaptación. Tenacidad. Saber anteponerse a las adversidades. Y obviamente, para avanzar, hay que moverse. Hay que ser inquieto. Este año recién comienza, así como este capítulo. Iremos viendo cómo se escribe. Porque hay mucho espacio en blanco aún por delante.

Anuncios
    • Tercore
    • 2/05/12

    Vi una nueva entrada y no me contuve de leer… y leer y leer. Bueno, me gusta tu historia, significa que todo se puede cuando se quiere. Me alegro que hayas vencido tu “coco”, buenísimo!
    Mucho ánimo, no desistas, te esperan millones de ojos y montones de experiencias para vivir y contar.
    Te mando un abrazo enorme y todas las porras tapatías que quieras.
    siempre andaré por ahi. ;)

    • Bueno, a veces no porque uno quiera las cosas se podrán. Pero lo que sí, es que hay que aprender a soltar :) Y en todo caso, hace MUCHO que no hablábamos! Sí! VENCÍ AL “COCO”! POR FIN! Hahaha!
      Gracias por los ánimos y el abrazo, te mando también varios, esperando que estés bien por allá. Y que todo lo que venga sea bueno también, mira que ustedes los mayas nos tienen a todos con el susto de acabo de mundo! Hahahaha! Bye :D!!!

        • Tercore
        • 4/05/12

        Maya??? never in da mornin!!! ego sum kikapoo!! y nos daba flojera todo, también hacer calendaritos y profecias. xDDD.
        Muchos saludos y a darle a los cocos con las patas y los dientes. Arriba los ojos y abajo las rodillas. Besines de tamarindo. Be guapo 4 ever.

    • etereal
    • 6/09/12

    Hace unos dias venia pensando en estos asuntos de las etapas, en mi en particular las resumo en eventos agrupados cada cinco anos…raro pero cierto. A medida que pasa el tiempo, no se si por traumatico o por que creo en parte frenaron mi crecimiento he olvidado casi del todo algunas etapas. Las relaciones interpersonales por una razon u otra van en declive y cada vez se hacen mas superficiales… poco profundas. De ahi un vacio mas grande en el centro de mi ser con mucha sed de historias y de escuchar suenos infinitos.

    Wn aparte de las reflexiones que hacemos para aprender de nuestras experiencias contarlas es maravilloso, puede ser sorprendente la forma en que podemos influir en las vidas de otras personas cambiando tal vez el curso de sus vidas , de los que estan cerca o los que no estan tan cerca pero nos leen. Hace unos dias una amiga con quien no habia hablado hacia dos anos me llamo y me dijo: Te llamo para agradecerte dos cosas que han cambiado mi vida. La primera por decirme que es un pecado no compartir con el mundo tus habilidades y la segunda..si tus zapatos no te gustan no te los dejes puestos, si nunca te los quitas nunca te podras poner los que en realidad te gustan. En esos dos anos pensando que era un pecado no compartir sus poesias con el mundo, ella publico un libro. Tambien me dijo que hace unos meses una manana se levanto y penso un rato en eso que le dije sobre los zapatos…. hacia 5 anos que usaba botas con punta de acero para su trabajo (las odiaba), ya vestida y lista para ir a su trabajo, se las quito, se puso unos tacones y se dirigio a trabajo para renunciar asi sin mas. En una semana consiguio el trabajo que nunca imagino tener. Todas estas cosas son como las anotaciones al fondo y en los bordes de las paginas de nuestros capitulos..ellas extienden nuestras propias historias.

    En fin Wn gracias por compartir tus historias!

    Etereal

    • Gracias a ti por el feedback! Yo ahora estoy en una encrucijada: Sinceramente, el trabajo donde estoy no es de mi completo agrado, pero tampoco es malo. Me da mucho tiempo de ocio y eso es bueno, no me estresa, pero lo que sí es que me está agotando la energía. En un sentido de depleción, onda, no me motiva a realizar cosas. Con eso que me dices, me siento un poco atascado. Como que abandoné ciertas metas que tenía. Metas que siento que eran interesantes de realizar. Y ese enfoque, me da ánimos a… animarme, hahaha. Suena absurdo, pero este fin de semana que acaba de pasar, fue de fiestas patrias acá en Chile. Estuve muchos días desconectado de internet (como 5 en realidad, no son tantos, hahaha!) pero comencé a hacer cosas que había dejado de lado últimamente, y me dieron una satisfacción bien agradable: SOBRETODO PEDALEAR EN BICI.

      Así que, si bien no haré un salto tan grande como tu amiga de “cambiar los zapatos” así de brusco, sí creo que cambiaré mi ritmo. Al menos así las cosas mejoran en algo :)

      Saludos Etereal! Y qué gusto volver a leerte :D

  1. No trackbacks yet.

Escriba su crítica, reclamo o insulto :D

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: