(Lea si quiere aburrirse)

Cachai que a veces me dan ganas de escribir, sin tener tema? O no sólo eso, sino que a veces me da por pensar (weá peligrosa) como si estuviera redactando un entry; cuando en realidad nunca “redacto”, sino que más bien voy y escribo a manera silvestre y lo único que hago es revisarlo una vez escrito para ver errores de ortografía o palabras repetidas o tonteras de ese estilo. Sí, tonteras. Porque uno no debería tener normas al escribir, pero están para que así se puedan se entender entre todos. Y cachai que ahora, estoy escribiendo a ciegas, porque la pantalla está en blanco y no veo qué cresta está tipeándose. De hecho, lo único que puedo ver son las rayitas rojas de un par de faltas ortográficas que seguramente son palabras de modismos, o inventadas o cosas así. Pero no errores. No hay errores al escribir lo que uno escribe por escribir en el momento, porque no hay manera correcta de hacerlo. Eso creo al menos. Sigue leyendo

Anuncios

No culpes a la lluvia ♫

Me gustan los colores. Me gusta ir al mercado a mirar los puestos de frutas, tanto por olor, como por los colores. Pero así también me gustan los grises de la lluvia. Es relajante.

Me gusta la lluvia… la echo de menos. Echo de menos esa lluvia copiosa, de gotas gruesas, que caen y duelen. Pero es entretenido y rico sentir esos goterones. Extraño esas pozas que se formaban en la calle de tierra que daba a mi casa. Pozas gigantescas que dibujaban la expansión de cada gota. Y yo contemplaba ensimismado ese universo, mientras la lluvia se encargaba de empaparme.

Recuerdo al colegio, que siempre cuando llovía, el alumnado completo se convertía en un solo curso, en una sola bestia, con un juego único: Hacer un trencito gigante por los pasillos techados, todos tomados de la cintura, corriendo a toda velocidad. Niños de 1ero hasta 8vo básico en la misma culebra monstruosa que avanzaba furiosa. Otros, aprovechaban la lluvia. Con un amigo, el Oscariván, recuerdo una vez que, con la excusa de impedir que los alumnos entraran al patio (mojado obviamente, no techado) nos poníamos como pacos. Porque al menos él lo era. Él era esos alumnos que tenían un gorrito y que eran “de brigada”. Así que había que hacerles caso. Yo, por mi parte, no. Era un pelagato que quería webear en las pozas de agua. Y así correteábamos por el patio de barro a los cabros que querían unirse a la danza de la lluvia.

Siempre me ha gustado la lluvia. Por eso siempre he rechazado los paraguas. Sólo los uso en determinadas circunstancias, pero cuando puedo, sólo salgo con algún abrigo, y me pongo a caminar bajo la lluvia (sin cantar, porque tengo una voz como la callampa, y soy tan tímido como un ratón feo).

La lluvia en Valparaíso es distinta a la de Rengo. Es más copiosa, delgada, flacuchenta, enojona, y corre por las calles, de lado, baja por los cerros, y trae lo que pilla. Pero me gusta. Es un desastre bonito.

Y aunque me guste tanto la lluvia, la ingrata siempre consigue resfriarme. Y me hace mal. Pero es porque no sé llevarme con ella. Yo la acepto como tal, pero la critico que sea tan resfriadora. Me gusta que caiga, que moje, que escurra y que haga pozas. Que pique en la cara. Que obligue a refugiarse. A buscar caminos entre letreros en las calles. A caminar bajo paraguas de gente ajena. Que obligue a ser otro que no se es. Pero me hace mal. Eso lo tengo claro. Sólo que hay veces que, todo lo mal que te pueda hacer algo, da lo mismo mientras te haga feliz en su momento.

Y con lluvia, no me refiero a la lluvia solamente.

Camino a la Luna

Cuento Chiquitito como una pepita de ají

La vista era espectacular. El acantilado se perfilaba a un costado de la autopista, y la luna reflejaba su camino en el mar, simulando una carretera luminosa. La noche era tan oscura como los sueños del conductor, quien no despertó sino hasta sentir el golpe de su vehículo en el mar, en la ilusoria vía lunar.

Sólo un pensamiento

No estoy orgulloso de esto. De hecho, me avergüenza:

Hubo un tiempo en que me creía único. Ezpezial, como nos hacen creer quienes nos dicen que somos irrepetibles e inconfundibles. Yo me tragué el cuento, y me imaginé aislado, poseedor de un elemento que nadie más tenía. La gente me lo recalcaba, y yo inflaba mi pechito. Pero sucedió que después comprendí que todos teníamos algo especial, y mi pechito se desinfló, y me sentí miserable. Sin nada útil, porque lo que, al parecer, me distinguía del resto, no era más que un mejunje poco claro de habilidades a medio camino, mientras que en el resto, veía talentos que yo jamás poseería, y me di cuenta que todo lo que yo hacía, otro lo había hecho antes. Y mejor.

Así que crecí con la cabeza pegada al torso, chiquitita, mirando el suelo, porque me avergonzaba mirar al cielo y esperar llegar allá. Me avergonzaba, pues no me sentía merecedor de volar. Eso, bajo mi perspectiva apocada, estaba reservada para quienes merecían alas.

Con el tiempo, me dejé de interesar en estas cosas. En lo que son las características de cada uno. Me cansé de los talentos, de las habilidades. Pensé: “Uno no debería ser catalogado por lo que hace, ni por lo que es. No debería ser catalogado, y punto”. Pero seguí enjuiciando.

No soy alguien que haga lo que piensa. De hecho, no soy alguien que haga. Soy un pensamiento, que se olvida cuando prendes la tele. Soy el gusanito transparente que ves en el cielo. Ese que a veces lo ves, y se arranca, y se mueve, y está, pero no está, y desaparece, por aburrimiento. Y aparece por aburrimiento. No soy alguien especial, tú tampoco. No tenemos habilidades, no tenemos talentos, no tenemos idea de lo que somos, y no tenemos ni una pizca de genialidad. No somos interesantes. Nadie lo es. Pero qué importa. No nos fijamos en eso. Al final, sólo nos fijamos en cómo nos sentimos, no en cómo nos pensamos.

Abracadabra

No hay magia, no hay pirotecnia. Es sólo sangre.

No siempre hay palabras mágicas que abran puertas. El conjuro puede abrir la cerradura, pero para abrir la puerta, tienes que empujarla.

La piedra se rompe con agua…

Curioso. Hace unos días estaba limpiando mi computador, ordenando presentaciones, papers, trabajos, videos, música, imágenes y un montón de basura electrónica que aún guardo por alguna razón que debe ser la misma por la cual coleccioné en su momento latas de aluminio o cajetillas de cigarro. En eso estaba cuando vi que tenía aún una carpeta de historial de conversaciones. Ya que estaba principalmente limpiando, seleccioné la carpeta Historiales de Conversación, iba a presionar DELETE, pero la nostalgia, y esa weá que llamamos costumbre, me detuvo.

Comencé a leer algunas conversaciones viejas, del 2009. Noté que hay personas que desde el 2009 que no hablo con ellas por msn. Noté que hay personas con quienes ni siquiera he hablado desde el 2009. Noté que el año 2010 fue considerablemente menos conversado. Se repite otra vez el dato raro que muchos dicen: El 2010 pasó tan rápido que no existió (de no ser por ciertos eventos demasiado notorios, como el terremoto).

Noté cosas que en su momento no vi. Vi palabras que no debí escribir. Repasé conversaciones que nunca debieron existir. Y en otras, me desconocí, en muchos sentidos. Alienado, gigante, lógico, inconsciente, azul e intangible. Muchas formas mías aparecían, se mezclaban, se desordenaban, y se presentaban como una sola persona de múltiples caras e incontables voces. Y fueron uniéndose, mezclándose, hasta ser pocas, congruentes, a veces inconsecuentes, pero determinadas. Resolutas.

Así como pasa el tiempo y vamos acumulando pequeñas experiencias, nos vamos amoldando, manteniendo nuestra corteza, pero modificando nuestra geografía física y mental. Nos hacemos fuertes, adquirimos trancas, tenemos mañas, ganamos confianza en nosotros, y la perdemos en el resto. Aprendemos a pasarnos por ciertas grietas lo indeseable. Aprendemos a no meternos en lo que no nos importa, y a sí hacerlo cuando sí  lo hace. Cambiamos, pero en el fondo, seguimos siendo el mismo.

No borré mi historial. Lo dejé ahí no sólo por la curiosidad de seguir leyéndolo, sino que por la misma razón que mantengo un diario de vida (yeh…) de hace unos 8 años atrás. Por la misma razón por la cual sigo teniendo mi jockey favorito de hace unos 11 años atrás. Por la misma razón por la cual mi sobrenombre es Bayu desde que tengo memoria. Nostalgia. Certeza. Identidad.

Como muchos, me gustaría tener una máquina del tiempo. Sólo volver, enmendar error, cambiar actitudes, golpearme para espabilarme. Ver cómo avanzarán las cosas si hago esto, si hago lo otro. Pero como no hay nada así, sólo queda asumir que lo que uno hizo es lo que hizo, sin importar si es lo correcto o no. El juicio viene después de asumir.

…y el viento quiebra montañas.

Vómito

Esta es una de esas entradas sin tema en especial, y en las que me alargo. En las que me pongo latero y le pongo 3 o 4 imágenes para adornar, pero sólo para eso, porque al final soy el único que me leo completo, y no me molesta para nada. Y me releo además, pensando “las hueás que uno escribe derrepente“. Es de esos entries que son puramente catárticos, que sirven para desinflarme y tranquilizar la conciencia que a veces anda con piulle. Aunque no sé, mi conciencia está bastante limpia. El problema más bien es la inconciencia, que creo que quisiera tener más espacio libre y más voz. Pero yo la aplaco y la amordazo pulentamente.

¿Y saben qué má? No escribo nada más porque no ando con ánimos. Yeh, lo de wn feliz se cae, y filo. No siempre se anda animado. Y es cuando más wn ando. Como ahora. Con insomnio. Con lata. Con ganas de hablar de un tema latero repetido pa’ puro sacarlo a vómitos y arcadas y así hacerlo desagradable más de lo que es y escribir sin puntuación sin gramática y caerme mal y sentirme todo un bestia que llora sólo para acercar ciervos pa’ comer y así llenar la guata que es lo que hace la gente cuando anda con vacío sicológico (lo mismo que las compras compulsivas) porque el cuerpo sabe qué quiere pero no sabe como decirlo… Y sólo así, cayéndome mal, podré exorcizarme esa weá.

Porque primero hay que quererse, y esa weá cuesta harto cuando no tenís por donde. Esa falta de perspectiva es pura culpa de esas cosas pa los caballos que nos chantamos en la ca’eza cuando tenemos una meta. Y eso ya lo he dicho antes en este blog me parece: La única forma de perderse, es teniendo un objetivo. Sin meta, no hay por qué perderse, porque no hay nada que buscar.

Y me voy de internet un buen tiempo. Hasta entonces. Sigue leyendo