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Madre Reloj

“Apaga las estaciones y cierra la carne”.

Aquella frase aún hacía eco en él, quien miraba al cielo con tanta gravedad que atrajo un meteorito, matándolo en el acto.

La gente habló de su mala suerte, y culparon al azar. Nadie mencionó el destino, pues todos le auguraban una vida exitosa. Era una persona de carácter. Lo que se proponía, lo lograba. ¿Pero morir así? ¿Una muerte tan improbable? Era alguien especial. Merecía una muerte así. ¿Pero tan joven?

Pero tampoco fue el destino (ni por lejos el azar) su verdugo.

Pasa que a veces las cosas sí pasan cuando uno quiere. Pasa que a veces uno es dios. Él no quería morir. Claro que no. Pocas veces la gente escucha la voz del universo de forma tan clara como él lo hizo. Gente como él desaparece así del mundo, por sus propias (irresolutas) razones.

Tras las nubes, el sol…

Te usé como aguja. No sabía coser, pero te usé para reparar los daños que ya tenía. Pensé que sería bueno, y como mi mente vuela más rápido que el tiempo, miré al futuro, y vi muchos yo. Unos derrotados, otros triunfales. Siempre solo, siempre acompañado, en toda dimensión y en toda posibilidad. Pero curiosamente, siempre habían nubes negras. En todos los cielos que miré, el tiempo terminaba siendo nefasto y las lluvias inminentes. Sólo cambiaba mi sonrisa por una sombra en lugar de ojos.
Como aguja, no demoraste en clavarme, enterrarte en mi carne, y en hacerme sangrar. Duele, y lo disfruto. Duele, y no quiero que duela más, porque ya sé que el dolor trae recuerdos, y no al revés. No quiero esa visión de tempestad. No quiero reparar nada de lo que ya está roto. Los recuerdos no me traen dolores nuevos, sólo dolores damnificados.
Y entonces usé mi capa rota y me eché a volar, lejos. Y no fue cobardía, sino que fue lo valiente y necesario. A veces, aferrarnos al dolor es lo más fácil, porque sabemos que en algún momento alguien nos caerá encima con una sonrisa y un berlín con crema pastelera para subirnos el ánimo. Estar con una bala en el pecho te hace ver invulnerable. Pero si sangras, te hace ver suceptible de atención. Te hace ser víctima de la empatía (¿Empatía? ¡No! Miedo ajeno. ¡Karma!) y las conductas solidarias buscan salvación en tu sangre. Y además, mientras más te sumerges en la oscuridad, cualquier luz te enceguece.
Por eso huyo del desgarro. Por eso mis pasos se apoyan firmes en sus propias sombras. Por eso paso por alto tus gritos sangrados, tus trampas sonrientes, tu silencio cómodo y tus nubes en mi cielo. No ignoro nada de eso, porque todo me afecta. Pero escucharlos, verlos, y sonreírles, tenderte una mano sólo sería bañarte en petróleo.

Pero a pesar de todo, si me ves jugando con barro en la lluvia, tiéndeme una mano y llévame al sol.

No supe decirlo, así que lo fotografié para mí.

Edit: Se le agrega una canción ad-hoc pa’ que suene má’ triste. Gracias a Xime.

Cuento al Aire!

-Escribe un cuento, pero que sea de la vida cotidiana po!
-Um, me cuesta… es que en serio! La vida tiene tanto de cuento, y tan cruzados, que escribirlos me resulta complicado. Bueno, aparte que siento que no me quedan bien los cuentos, y que siempre termino escribiendo sobre cosas bastante parecidas.
-Si wn, terminai hablando de puras weas existencialistas…
-¿Pero es que de que hablaría en un cuento? Aparte, hay varios cuentos sobre la vida cotidiana que tienen un trasfondo mucho más profundo del que aparenta po! Y algunos de mis cuentos, unos de los de apariencia más filosóficos o existencialistas (llámalo como querai) tienen un trasfondo cotidiano.
-Mmm, sí, igual.

Ambos suspiran, como una manera de cortar el silencio que se produjo tras la última frase.

-¿Te das cuenta que lo que estamos haciendo ahora es parte de un cuento?
-Ya estás con tus tonteras…
-Sip, supongo que son tonteras.

Y con esa frase, ambas personas desaparecieron de la mente de Bayu xD Fin feliz xD

A la sombra del titán

Microcuento

Nos acostumbramos a vivir bajo la sombra del Titán de Hierro. Aquel ser divino venido de la oscuridad profunda del cielo. De la luz eterna.

Sus pasos, de apariencia lentos (dado su tamaño excesivo), recorren nuestras rojas tierras y barren el aire sulfurado. Así aparecen aves, se polinizan terrenos, y una brisa baña los extensos desiertos.

Cuando deja caer su pie, hay un pequeño sismo en todos lugares. Así aparecen lagunas, caen los glaciales, y el agua comienza a fluir. Se elevan montañas, y se apacigüa el corazón subterráneo. Sigue leyendo

El Pueblo Natal

Pueblo fantasmaNo habían buses directos que pasaran por mi ciudad natal, así que tomé uno cuya ruta se acercaba.
Los paisajes se me hacían cada vez más familiares a medida que el bus y la noche avanzaba. Y entonces, a pesar de la oscuridad, reconocí la entrada a mi pueblo. Le pedí al chofer que parara, que ese era mi destino.

“¿Aquí?” – Me miraba con gran sorpresa. Como si jamás le hubiesen pedido que parara en un lugar X del camino.

“Sí, por favor.”

El chofer paró. Bajé. Se mantuvo detenido unos segundos, esperando a ver si me arrepentía. Luego marchó y desapareció entre la niebla.

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“Maldición”

Microcuento

Trató de suicidarse otra vez, pero su maldición no se lo permitió.  No tenía nada que usar para matarse. No podía ahorcarse con sus manos, no podía dejar de respirar. Estaba desnudo y en un cuarto vacío.

Es difícil morir cuando flotas en el subconsciente.

The Big Band Theory

Microcuento

Jazz it up IIComenzò todo como un desorden mìnimo, inapreciable para cualquier persona.
La suave creación, como un sonido arítmico y lento pareció destruirse con la inclusión de varios destellos multicolores sin ninguna organización particular aparte del azar. Sin embargo, la complementación de ambos dio a luz un caos perfectamente armónico. Este ambiente fue creciendo, se forjaron mundos en él, y en éstos se creó otro entorno, más íntimo. El mismo ímpetu matricial empezò a perder su desorden organizado, y distintos seres se generaron, cada cual más diferente al anterior y al resto, y cada cual más igual a sí mismo y a nadie más.
Consecuente a la cadena de eventos que ya estaba desatada, se liberó, como el aliento de un pez, un estruendo. Varios lo acompañaron. Una estampida furiosa arrastró toda la creación actual. La limpió y la sometió a seguir sus pasos, sin lograrlo efectivamente, pero sí consiguiendo encaminarla hacia la misma meta.
A paso propio de cada ser en este universo, la caravana avanzó atropelladamente por el paisaje, sin saber que este era la carne, sangre y razón de ellos.
Ellos eran el mundo. El mundo avanzaba con ellos, y el mundo perseguía al universo, y el universo perseguía al vacío. Y el vacío huía de sus creaciones, pues, si bien la Génesis no fue su hijo, sí nació de él, destilando de entre su luz (¿Luz? El vacío no conoce tal significado).
Y hacía bien en huir, pues de existir algo en el Nada, su no-existencia desaparecía, apareciendo su inexistencia.
Y hacía mal en huir, pues la creación continuaba tras él, proliferando y contagiando todo de significados, de un frenesí que cada vez aumentaba el ritmo para perseguirlo y que amenazaba de alcanzarlo, y que lo hará. Y cuando lo haga, todos seremos nada, porque lo seremos todo.